Mentalidad de Oti


Otilia Piskulich Desmaison

Hace tres semanas Otilia llegó a nuestras vidas. Ella es una springer spaniel inglés, tiene 2 meses y le decimos Oti.


Chris (mi esposo) y yo queríamos un perro desde que comenzamos a vivir juntos. En Lima no podíamos tener uno porque el departamento era más chico y los dos teníamos horario de oficina fuera de casa así que no queríamos dejarlo todo el día solo.


Cuando llegamos a México dijimos: “Hay que revisitar la idea de tener un perro”. Para mí la matemática no fue tan directa. Quería un perro pero sentía que con todo el tema de la mudanza ya estábamos manejando demasiadas variables y no estaba segura si podríamos manejar algo adicional. Hasta que vimos a Oti. El enamoramiento fue brutal, a primera vista e intenso. Ese mismo día volvimos a casa con ella y no podría estar más feliz.


La semana pasada les pregunté por instastories si debía de hacer un post sobre todo lo que estaba aprendiendo de ella y de su “mentalidad de Oti”. Entre las respuestas que tuve, la que más me gustó fue la de una amiga: “Dicen que los perros viven menos tiempo que nosotros porque ellos ya saben todo lo importante de la vida: cómo amar, cómo ser agradecidos y cómo divertirse.”


Justamente por eso es que quería escribir de Oti. ¿Qué es lo que Oti hace que me da tantas ganas de querer ser como ella? Aquí les compartiré algunos ejemplos:


  • Al despertarse, Oti bosteza y se estira. Nunca comienza su día apurada, ni viendo las notificaciones de su celular.

  • Oti saluda con mucho amor, siempre. Todos los días me saluda como si fuera la primera vez que me viera, me lame y hace unos movimientos de cola inigualables. ¿Se imaginan si nosotros diéramos un saludo tan verdadero a toda la gente que queremos al despertar?

  • Cuando salimos a pasear en el carro, Oti disfruta del viento en la cara. No reniega por el tráfico, no se estresa porque tiene que llegar a su destino. Solo disfruta.

  • Cuando el día está soleado, Oti va a la terraza y se tira al piso a recibir toda esa vitamina D mientras descansa con las patas abiertas. Muchas veces no le hacemos caso a los días con sol, asumimos que “ya llegará otro”.

  • También, al momento de comer, Oti solamente come. Yo puedo caminar a su lado o tirar su pelota muy cerca y no me va a hacer caso, está muy concentrada en lo que está haciendo. Una cosa a la vez.

Como cualquier cachorro, a veces divaga por la casa y hace “travesuras” como comerse el cable de la lámpara de la sala. Ahí es cuando, de manera firme pero amorosa, le digo “no” o simplemente la redirecciono para que deje de hacerlo. Cuando la veo “divagar”, pienso en mí y en lo que hace mi cerebro a veces cuando se pone hiperactivo, ponerme en tres mil escenarios diferentes e irreales a la vez. Entonces, cuando mi mente divague, sé que con la misma firmeza y cariño puedo decirme “por ahí no” y volver a mi momento presente.


Oti me hace entender la importancia de disfrutar mi presente, mi aquí y ahora. Ahora veo con mayor claridad cómo si no entreno mi mente, ella se convertirá en el perro más rebelde de la historia. Así que, para seguir disfrutando de mi mentalidad de Oti, me demostraré el mismo amor y la misma paciencia que le tengo a ella.


¡Te invito a cultivar tu mentalidad de Oti!


Tu coach,

Majo Desmaison.

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